Una reflexión necesaria en la Semana Europea contra la Pobreza Energética
Una reflexión necesaria en la Semana Europea contra la Pobreza Energética
Del 17 al 23 de febrero se celebra la Semana Europea contra la Pobreza Energética, una iniciativa que pone el foco en una realidad que afecta a miles de hogares: la dificultad para mantener una vivienda a una temperatura adecuada, encender la calefacción o afrontar facturas energéticas cada vez más elevadas.
La pobreza energética surge cuando los ingresos de un hogar no permiten cubrir las necesidades básicas de suministro eléctrico o calefacción. A ello se suman factores como la ineficiencia energética de muchas viviendas y el incremento sostenido de los precios.
La pobreza energética en Gipuzkoa afecta aproximadamente al 5,8% – 7,8% de los hogares (según indicadores de 2020-2024), quienes no pueden mantener una temperatura adecuada en invierno. Aunque es inferior a la media estatal (11,1%), persiste una desigualdad estructural que afecta más a hogares con mujeres, mayores de 65 años, personas inmigrantes y desempleados.
Según el último informe de 2023 promovido por la Diputación Foral de Gipuzkoa y el SIIS (Servicio de Información e Investigación Social) -SIIS Gizarte Informazio eta Ikerketa Zerbitzua-, en torno a 26.300 hogares que tienen que hacer frente a un gasto energético excesivo o muy elevado en relación a su nivel de ingresos; es decir, más de 40.000 personas.
Desde nuestra experiencia diaria, conocemos de cerca realidades complejas. Personas mayores que viven solas, familias con menores, hogares que han visto reducir sus ingresos. Son historias que nos recuerdan que la pobreza no es un dato, es una circunstancia que impacta en la vida cotidiana.
Energía y despensa: cómo la lucha contra la pobreza energética impulsa el acceso a alimentos en conserva
La lucha contra la pobreza energética no solo significa garantizar calefacción, luz o agua caliente; también tiene un impacto directo en la alimentación de las familias más vulnerables. Para muchos beneficiarios del BAG, el coste de la electricidad o el gas condiciona qué productos pueden cocinar y conservar en casa. En este contexto, los alimentos en conserva —como legumbres, pescados y otras fuentes de proteína— se convierten en una solución estratégica: no requieren refrigeración, tienen larga duración y permiten preparar comidas nutritivas con un consumo energético mínimo.
Así, combatir la pobreza energética y reforzar la distribución de conservas son dos acciones complementarias que mejoran de forma integral la calidad de vida de quienes más lo necesitan.
Por ello, este tipo de productos constituye una prioridad tanto en las adquisiciones directas que realiza nuestra organización como en las campañas de solidaridad ciudadana, especialmente durante las Grandes Recogidas de Alimentos, donde se anima a donar legumbres, pescado en lata y otras proteínas no perecederas. Focalizar esfuerzos en estos artículos permite responder mejor a las necesidades reales de los hogares con dificultades energéticas y fortalecer una respuesta social coordinada frente a la vulnerabilidad.
Reducir el despilfarro, una responsabilidad compartida
En el Banco de Alimentos de Gipuzkoa llevamos años trabajando contra el desperdicio alimentario. Recuperamos productos aptos para el consumo que, de otro modo, se perderían en la cadena de distribución. Los clasificamos con el apoyo imprescindible de nuestro voluntariado y los distribuimos a través de una amplia red de entidades sociales.
Esta forma de trabajar tiene una dimensión solidaria y también una dimensión ambiental. Reducir el despilfarro significa optimizar recursos, evitar emisiones innecesarias y aprovechar materias primas que ya han requerido energía para su producción y transporte.
La lucha contra la pobreza energética y la lucha contra el desperdicio alimentario comparten un mismo enfoque: hacer un uso más responsable y eficiente de los recursos disponibles.
Cuando evitamos que un alimento termine en la basura, estamos evitando que se pierda todo el esfuerzo energético invertido en su cultivo, procesamiento y logística. Por eso apoyamos y promovemos iniciativas que buscan reducir el despilfarro en cualquier materia prima.
Personas en el centro
En el Banco de Alimentos de Gipuzkoa ponemos siempre a las personas en el centro. Nuestro trabajo busca reforzar la dignidad, acompañar y generar tranquilidad en momentos de dificultad.
Cuando hablamos de energía, hablamos de bienestar. De poder preparar una cena caliente. De que una persona mayor no pase frío. De que una familia pueda vivir con estabilidad.
Una invitación a sumar
Cada gesto cuenta. Desde revisar nuestros hábitos de consumo hasta colaborar como voluntariado, donar alimentos o apoyar iniciativas solidarias.
La solidaridad en Gipuzkoa es una fuerza real. La vemos cada día en nuestro almacén, en las recogidas de alimentos, en las empresas que se implican y en las personas que dedican su tiempo de manera generosa.
Esta semana nos recuerda que la pobreza tiene múltiples dimensiones. Y que, como comunidad, podemos avanzar hacia un territorio más justo, más eficiente y más humano.
Seguimos trabajando, junto a todas y todos vosotros, para que nadie se quede atrás.